2ª REUNIÓN DE LA SOCIEDAD GASTRONÓMICA DE MICROBIOLOGíA

LA CRÓNICA
Por el microbiólogo más dicharachero de la UIB



FICHA TÉCNICA
FECHA: Lunes 20 de diciembre de 1999
HORA: 14:00 h
LUGAR: Restaurant Jarana (Palma)
PLATO ESTRELLA: Cocido madrileño
COMENSALES: 15 + 1 espectador

Sí, señores, sí: somos sabios. Sólo a unas mentes expertas en estas lides se les podría haber ocurrido la peregrina idea de celebrar su comida navideña zampándose un auténtico COCIDO MADRILEÑO. Una Sociedad como la nuestra no podía ser una más: era necesario desmarcarse del resto y marcar la diferencia. Demostrar que merecemos ser considerados Patrimonio de la Humanidad y ser motivo de culto. Lo de haber sido nombrados Reserva Verde de la Biosfera se nos ha quedado pequeño. ¡Queremos más, y vamos a por ello!

Con estos objetivos era necesario dar un golpe de efecto, y cual Ágatas Ruiz de la Prada o Pacos Claveles actuamos sin vergüenza ni pudor, dispuestos a romper con todo. ¡Sabia decisión, sin duda! No era una apuesta fácil: en un principio incluso surgieron algunas reticencias (rápidamente solucionadas gracias a un par de cachiporrazos). Sin embargo, entre los asistentes no hubo nadie que no terminara o terminase satisfecho con el plato, excepto un pobre espectador cuyo nombre vamos a obviar para evitar propagar su desgracia públicamente, y menos en estas fechas tan señaladas.

Pero vayamos al grano, o mejor dicho, al garbanzo. Una vez todos reunidos alrededor de la mesa y tras las cervecitas de rigor, empezó el espectáculo. Llegaron las primeras soperas con la sopa de fideos y, tras unos instantes de incertidumbre y respeto, la gente se sirvió y comenzó a degustar una auténtica sopa de cocido. ¡Qué caldo, señores, qué caldo! Aquí ni se cuece ni se enriquece ni leches: aquí se le echa al asunto su buen chorizo y su buena morcilla y se deja uno de tonterías. ¡Y bien que se los echaron! El consistente caldo sabía precisamente a lo que tenía que saber, y el sabor a chorizo y morcilla indicaba que la cosa no iba de farol. Semejante manjar fue degustado y disfrutado con respeto y, con muchísimo autocontrol y sufrimiento, sacamos nuestras mejores maneras y no sorbimos el plato, que queda muy feo.

¡Y todavía quedaba lo mejor! Las bandejas estrella llegaron a la mesa mostrando la verdadera naturaleza del milagro: los garbanzos no venían solos, no. Venían con todo el equipo: esos chorizos y esas morcillas responsables últimos del impresionante caldo; esas patatitas que se deshacían en la boca; esos puerros que a mi no me gustan pero que debían estar de muerte; esas zanahorias para ver mejor; esas pelotitas de carne que quitaban el sentío, junto con esa ternera, ese cerdo, ese pollo y ese tocino inductor de la salibación; ese pesado del fondo que no paraba de toser... En fin, de tot. Y para rematar la faena, ese aceite de oliva tan nuestro porque lo hemos pagado. Nada más aparecer en escena las bandejas, y tras las obligadas reverencias,  la gente se lanzó en forma de alicates sobre ellas, olvidando sus estudios primarios en escuela de pago. Bueno, la verdad es que no ocurrió eso exactamente, pero a más de uno le hubiese gustado (un servidor entre ellos). El resto es fácil imaginárselo: comer, comer y comer. Incluso hubo gente que se entregó al delicioso deporte de la pringá, cosa que no sé si está permitida en el caso del cocido madrileño(1). Vamos, que nos pusimos las botas, el cinturón y el gorro con la borla. Parecíamos Papá Noel, de la orondez que adquirimos (o reforzamos en algunos casos) tras semejante comilona. Aunque nos avergüence reconocerlo algunos apenas cenaron esa noche. De hecho, querría destacar que un niño que pasaba por allí con un palo se ofreció a llevarnos rodando pero nuestra dignidad nos impidió aceptar su ofrecimiento.

Obviamente, también hubo postres, cafés y copa, pero no merecen mayor comentario tras lo visto anteriormente.  Un consejo: llevaros la VISA por si acaso.

(1)  Según los últimos datos que obran en mi poder ("Madrid, Andalucia and other style cocidos: rules and ingredients", Ediciones El Ajopringue, 4a. edición, 1998), la pringá sólo está permitida en el cocido andaluz. Sin embargo, en la última reunión de la Asociación De Puristas Del Cocido Como Dios Manda no quedaron claramente definidos los conceptos ni la nomenclatura a seguir en reuniones gastronómicas de más de 5 personas. Si alguien quiere aclarármelo, por favor que lo haga aquí.

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